Comodines

Que la vida está llena de complicaciones desagradables no es ninguna novedad y está fuera de discusión. Puede ser que a alguno le parezca obsceno que lo diga alguien que evidentemente no tiene dificultades para alimentarse diariamente y dormir bajo techo en una cama limpia. Parte de razón tiene. Digo parte porque mi cama está limpia sólo a veces. Y cuando llueve mucho me empieza a entrar agua por el techo. Y acá llueve mucho siempre, por eso tampoco puedo lavar las sábanas muy seguido.

Pero aun así, me reservo el derecho a quejarme del insólito despropósito que nos plantea la vida. Y si usted es uno de esos africanos hambrientos que retrata tan bien la National Geographic, quéjese también. Lugar para quejarse sobra.

No sé cómo será su vida, ni siquiera lo conozco, no sé cómo se llama ni nada, pero podría inferir que como muchos de nosotros, pasa el 85% de su tiempo tratando de alcanzar “eso”. Eso, lo que sea, lo que nuestra inocente-mente-adulta-pero-infantil nos incite a desear. Póngale el nombre que quiera: amor, dinero, fama, éxito, sexo, trabajo, comida, una cama limpia. Ese eso, como ya habrá notado, parece siempre inalcanzable. Malas noticias: no parece, es. Acéptelo.

Y si usted es creyente, acepte de una vez por todas que el dios (así con minúscula, para acentuar el enojo) que le regaló el “don divino de la vida (sic)” se complace viendo como usted la dilapida tratando de superar las arbitrariedades que él mismo dispone. Sino está de acuerdo conmigo, vaya y récele a su santo preferido para que le ayude a obtener ese trabajo que tanto ansía. ¿Ah, lo consiguió? Seguro que no es lo que esperaba, la paga es mala y el horario peor. ¿Sí era lo que esperaba y las condiciones son excelentes? Lamento decirle que mañana va a recibir pésimas noticias sobre su salud. Específicamente, un piano caerá sobre su cabeza.

¿Está comenzando a indignarse? Bueno, ponga atención a lo siguiente: para algunas personas las cosas son sencillas. Esto es aun más decepcionante. No hacen nada y consiguen todo. ¡Oh, cuánta injusticia! Un consejo: no se enoje con esos afortunados porque también son víctimas de esta cruel perversión. Y esa entelequia a la que su alma le lava las patas, probablemente se divierta viendo como nos agarramos a palazos entre todos.

Y siéntese que no terminé, esto es más grave de lo que parece: ésta podría ser su única vida. Porque no nos engañemos, eso de la reencarnación es medio una pavada, sino mire lo que afirma un consejero espiritual que encontré en el google:

“Discúlpeme hermano pero qué disparate más grande. En este caso, en respeto a quienes creen eso, prometo que la próxima vez que me coma un “taco de carnitas” lo haré con más respeto, no vaya a ser algún conocido de ellos.”

¡Qué desolación! Lo que deseamos no llega nunca, nuestra única vida se escapa, y nuestro creador no nos da bolilla porque está más ocupado que estos señores. Resumiendo: un verdadero desastre. Yo creo que es hora de que nosotros hagamos algo. Me refiero a la raza humana, nada de intervención divina. No queremos milagros raros una vez por milenio, qué solo sirven para santificar a algún ñato. Sólo los humanos, los dioses que miren desde afuera.

Yo he pensado algo que podría mejorar nuestras vidas y me gustaría que discutiéramos su posible aplicación: un sistema de “comodines”. ¿Cómo funcionaría? Muy sencillo, mire:

En un determinado número de veces durante nuestras vidas (creo que 3 estaría bien), podríamos acceder a “eso” que deseamos sin necesidad de hacer ningún esfuerzo. Tenga en cuenta que en este proyecto no habrá intervención divina de ningún tipo, así que no valen pedidos que requieran una solución sobrenatural. Ejemplos de ésto serían: “curarme de una enfermedad incurable”, “convertirme en Pamela Anderson”, “levitar y pintar el techo sin usar escaleras”, “que Marilyn me cante el feliz cumpleaños el próximo año, mientras JFK se pone morado de celos”, etc. Éso es materia de alguna serie de TV o de algún cuento infantil. Ésto es otra cosa.

Yo me refiero a lo siguiente: estoy muerto de hambre y no tengo plata ni para pedir que me regalen un pancho. Entonces voy al restaurant que más me gusta y apelo a un comodín para comer como un rey sin dejar siquiera propina. Estoy cursando la Licenciatura en Física y tengo que rendir el final de Mecánica Cuántica II, la última materia que me falta para recibirme. Me presento a la mesa y digo con voz clara: “Profesor Tellechea, no estudié, pero como aun me queda un comodín, apruébeme y dígame Licenciado”. No es válido exigir que el colectivo esté esperándonos en la parada (sería un tanto extraño, ¿no?), pero si estamos muy apurados podríamos parar un taxi y solicitar que nos lleve a dónde sea, sin pagar obviamente. Habría que ser bastante sonso para desperdiciar un comodín en una pavada semejante, pero no es momento para andar juzgando los deseos de otros.

Otra situación (un poco más picante, así que retire a los niños):

– Señorita, no se ofenda pero me gustaría invertir uno de mis tres comodines explorando las vicisitudes de su cuerpo.
– ¡Oh, que altísimo honor! No sabe lo grato que es para mí que alguien me elija como expresión máxima de sus deseos.
– Y si no le parece mal le podríamos rendir honores a sus amigas también. Por los comodines no se preocupe, yo invito.

Nótese lo solidario del sistema: otros nos ayudan a alcanzar nuestros sueños al mismo tiempo que somos vehículo para la concreción de los afanes ajenos.

Creo que esto podría funcionar. Requiere algunos ajustes y la reglamentación de algunas áreas dudosas, en las que puede ser discutible si los dioses intervienen o no. El amor es una de ellas. Al principio difícilmente una persona se enamore de otra por el mandato de una convención. Incluso aquella podría haber entregado ya un comodín de amor a un tercero. O a varios. Pero con un reglamento claro no debería haber problemas. Menos si como sospecho, el 99% de nosotros se habrá gastado sus cartas antes de los 16 años. Y a esa edad, el amor no es una variable que entre en juego.

Mientras escribo ésto, trato de imaginar en que utilizaría yo mis comodines. Seguro que uno me lo reservaría, soy odiosamente cauteloso. Para los dos restantes, busco en mi pasado situaciones en las que deseé sin éxito que las cosas se dieran de una manera determinada. Fueron muchas, pero pocas realmente importantes. No es tan difícil darse cuenta. Dos ya los habría gastado. Y tengo muy claro en qué.

~ por nuncahubounavez en marzo 1, 2007.

4 comentarios to “Comodines”

  1. Vale usar los comodines par pedir mas comodines ??

  2. Usted ya quiere trampear al sistema. Por gente como usted los dioses nos dejaron a la deriva.

    Saludos!

  3. comodines por la serie?

  4. Yo también ya habría gastado dos…malgastado dos. me gustó MUCHO MUCHO tu post y tu idea y todo todo

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